Segunda jornada del Festival
El día fue largo y emotivo. Múltiples actividades colmaron el Parque de Ciudad Quesada así como la calle frente a la Catedral.
Inkilinos y Fulanos llenaron de rock y energía el Festival de las Artes con sus presentaciones en la tarima principal. Los jóvenes fueron los que más disfrutaron de la dosis de canciones de estos grupos.
El grupo de Danza Nayuribes les siguió, con una muestra de baile típico costarricense, que el público agradeció con aplausos. Su presentación rescata las tradiciones del ser costarricense.
Una hora de pausa, para respetar la misa de 7pm, sirvió para preparar el terreno a Media Hora, grupo que a base de rock y pop, demostró a una más concurrida audiencia, sus habilidades y composiciones originales. Sus más fervientes seguidores cantaron cada estribillo mientras Melissa, Armando, Guti e Isaac desplegaban su fuerza en el escenario. Los que no les conocían pudieron al menos enterarse de que en San Carlos hay músicos que producen lo propio y que sus objetivos van más allá de producir un CD. Los gritos de “otra” hicieron volver Media Hora y a la segunda otra, no se pudo por falta de tiempo. Media Hora tocó casi 45 minutos por lo que su nombre lleva otras razones.
Pillo Molina y William Arce irrumpieron con música bailable, una transición hacia el cierre de la noche. Ellos supieron en cuatro temas llevar a la gente del rock al baile y condimentaron los grupos que venían luego.
Los de la Bajura, como buenos ticos, muy guanacastecos y como buenos guanacastecos, muy ticos, en una mezcla de sabor y tradición, llevaron al público al baile y a la risa. El humor entremezclado con las letras de las canciones y con los Quintólogos (monólogo de cinco), fueron el detonante de una bomba de sonrisas que contagió a Ciudad Quesada. Instrumentos como la marimba y la quijada de burro se mezclan con la flauta traversa y la percusión en un ambiente de fiesta. La gente disfrutó a raudales las ocurrencias de estos guanacastecos que se echaron a la bolsa a los sancarleños.
De la bajura se pasó a la altura de las tierras del Paque Nacional Juan Castro Blanco. Son de Altura, de los Benavides de San Vicente, contagió de cumbia y merengue a la audiencia. Las parejas fueron tomando la calle como pista y la gente se dedicó a gastar los zapatos como dijo Elio, una de las voces del grupo. Casi dos horas y varios “otra, otra” completaron la jornada del Festival. Sury con su energía en la voz y acordeón, junto con Puerto, ambos acompañando al grupo, aportaron calidad a los talentosos miembros de Son de Altura.
Pasada la media noche, la gente extasiada regresó a casa…

















